martes, 23 de agosto de 2011

경주시 – Gyeongju: Montañas budistas ancestrales


El domingo me levanté tarde, para variar, y con algo de resaca. Aquí el tiempo parece que no cambia y empieza a trastornarme un poco la cabeza eso de que no se pueda hacer nada. O que todo lo que se puede hacer se tenga que hacer mojado, húmedo o, lo que a veces es peor: húmedo y sudado. Mojado por la lluvia y por el sudor al mismo tiempo. Por favor, que alguien cambie de canal, que este de la lluvia lo tengo ya muy visto. Aunque la verdad es que, según noticias en un mail desde la anterior ciudad en la que estuve, ha empezado a hacer sol desde que me he ido. Tendré que dejar de cantar.

Pero bueno, de todas formas no tengo demasiada queja ya que nada más salir de casa con mi paraguas, mi funda para la mochila y mi todo, deja de llover. Me he comido todas las leyes de Murphy que existen. Si  no llevas paraguas, llueve; Si te preparas para la lluvia como se prepara un esquimal para el invierno gélido, sale el sol; “voy por aquí que es más corto, según dice el mapa”, y apareces en otro continente; “algún día hará buen tiempo en Korea, no va a ser todo llover…”. Pues nada, llevo diez días aquí y por mucho que rezo a dios, a buda y a todos sus secuaces, nada. ¿Ha dicho algo el Papa de que haya escuchado mis plegarias? Aunque parece que os habría tenido que mandar algo de lluvia para allá, que veo que la gente se desploma al ver la belleza Ratzinger. Vaya sofocones y vaya alboroto que causa. Ni los Backstreet Boys. La chica que me dejo una cama donde dormir en Donetsk, Ucrania, está allí en la visita del Papa. A lo mejor se me ha desmayado!

Volviendo a lo que es mi camino, Gyeongju se avecina mojado el domingo. Cómo no! Así que, por no querer arriesgar demasiado en mi primera toma de contacto, decido darme una vuelta por las cercanías. La ciudad fue capital durante el reinado de Silla, por lo que deja mucho legado para un visitante como yo. Más allá de un centro abarrotado de autobuses, coches y luces de neón, un poco a las afueras tiene una gran concentración de cositas que ver. Entre tumbas, palacios, lagos, observatorios astronómicos centenarios me pierdo y me encuentro con mi tosco mapa en inglés. Aquí los mapas, a los que ya me voy acostumbrando, no son demasiado exactos que digamos. Tienen esa pinta de estar hechos para niños, con los dibujos de los monumentos coloreados. No es un mapa al uso, como el de googlemaps, sino un mapa de dibujitos en el que más o menos se intuye por donde andas, pero se pierden las referencias de espacio puesto que no está a escala.

Me paseo por un parque con varias montañas. Para los madrileños, podría ser una extensión del parque de las tetas de Vallekas (con “k” de ValleKas). Lo único que este, en vez de tener escombros en sus entrañas, contiene los restos de los diferentes reyes del reinado Silla. Una de las montañas-tumba está abierta al público y, sin poder hacer fotos, se observa la forma en la que todas y cada una de esas enormes tumbas están construidas. Es el mismo método que en las pirámides de Egipto, solo que aquí la forma es redondeada y tienen césped por encima, por lo que para el que no lo sepa, y se tope con ellas sin tener que pagar, pensará que está en un parque divertido y verde. Lo digo porque también hay tumbas en las que no hay que pagar.

Paseando por este parque-cementerio de la dinastía hace un calor sofocante. Todavía no llueve pero amenaza. Las familias vagan ordenadas. Es la educación de aquí. Los niños no corren, ni se meten al césped, ni se desparraman por ahí. Se dedican a ir con sus padres de la mano y, como mucho, a darse una carrera para adelante y volver con los susodichos. Caminando ya fuera del parque, al cruzarme con una familia un niño coreano de unos ocho años me saluda a la voz de “hello!”. Aquí creo que no están muy acostumbrados a ver gente occidental, puesto que ya me he enterado que Corea no es un destino demasiado frecuentado por occidentales. Aquí lo que se lleva es que la gente del país se visite a sí misma. Aun así, todo está rigurosamente traducido al inglés (menos cuando lo necesitas). Yo me dedico a saludar niños con las cejas ante su mirada atónita. Un pensamiento de “qué ojos más grandes tienes!” ronda  su interior. Y no solamente en los niños. También en los adultos, que no quitan ojo.

Tras un paseo campo a través por una extensión de flores de diversas magnitudes, tamaños, colores, sabores y formas, intuyo el camino hacia el Lago Ansaji. Lugar de recreo de los pertenecientes a la dinastía Silla (por cierto, se pronuncia “sila”. No es que se dedicaran a la fabricación de muebles de salón). La entrada al lago la petan restaurantes y demás shoppings de todo tipo. De todos ellos paso muy airoso. Tanto, que al llegar a la entrada me preguntan que dónde está mi ticket. Y es que me he olvidado de comprarlo entre tanta tienda. Dentro mucho lago, mucha lluvia, empieza el chubasco, me voy a mojar, pero cuando salgo todo amaina. Ando sin rumbo, como a mí me gusta, entre flores y demás flora y fauna de la región. Camino hacia lo que fueron unos palacios y unos templos de alguna dinastía que fue exterminada por alguna invasión japonesa que ahora desconozco. Nada más quedan los cimientos, pero por la extensión del terreno aquello debió ser colosal. Pero ahora creo que carece de sentido. Es como visitar estas ruinas romanas de las que solo quedan la base de los pilares. Sientes que estás en la historia y que allí se debió armar una buena, pero muchas piedras juntas al final aburren a cualquiera.

Tras los cimientos de los antiguos palacios y templos ando con indecisión. Es mediodía y la lluvia amenaza. Tengo el centro de la ciudad localizado, pero de camino hacia él me encuentro con una parada de autobús. El 11. Bien. Ese me lleva, por lo que pone en mi mapa para niños, a Bulguksa. Es un templo a las afueras de Gyeongju. Había pensado alquilar una bici (tres euros al día) e ir al día siguiente. Bueno, jugaremos esta baza. Cogeré el autobús y llegaré allí. La tormenta parece que no arrecia. Nada más subir al autobús va petado. Yo al autobusero le digo “bulguksa” con cara de pregunta y pa’dentro. Debe estar harto. Como todos vayamos a Bulguksa me parece que lo van a tener que reconstruir para el año que viene. A mitad de camino se baja todo el mundo. Llueve a cántaros, pero van a una especie de resort hortera con parques de atracciones, bailes folclóricos y demás puestos de comida. Alquiler de quads, bicicletas, triciclos, todo para la señora y el caballero, para el deleite del niño y la niña!!!

Llego a Bulguksa. Efectivamente, llueve como nunca. Mi paraguas de apoyo me salva la vida. De subida, cientos de puestos de comida. No puedo más. Creo que esto va a ser un aglutinamiento de esos que no se pueden tragar. Al entrar, todo está lleno de gente. Pero al verlo y sentirlo me olvido de ellos. Empiezo a pensar en ese preciso momento que, pese a muy llenos de gente que estén los sitios, en ocasiones merece la pena visitarlos. Y este es uno de ellos. Maravilloso templo en el que, entre las numerosas estatuas de buda, se puede ver una en la que se muestra de pie. Raro en buda, que debe ser más bien vaguete. Una señora que parece que se va a caer de lo mayor que es se me acerca y me pregunta de dónde soy. Me dice que si hablo inglés. Me dice que es guía “free service”. Me lleva de un lado para otro explicándome una cosa y otra en cada rincón. Se lo agradezco constantemente. Me he vuelto oriental a la hora de agradecer, e inclino mi cuerpo cada vez que le digo “gamsa hamnida” (gracias en coreano). En un momento dado se despide y le vuelvo a dar las gracias con toda mi cara de satisfacción. La señora está encantada, y yo más. Me ha elegido al azar. Pero dentro de ese azar creo que tenía bastantes papeletas de que se acercara a mí, solitario y occidental, rodeado de familias coreanas. Desde aquí, gracias de nuevo, señora coreana de 85 años!!!

Desde Bulguksa se puede coger otro autobús que sube a Seokguram Grotto. Se trata del templo a buda más emblemático de la zona. Existen lugares de peregrinación (tanto turística como religiosa) budista alrededor de toda Corea, pero creo que alrededor de Gyeongju está la mayor concentración. Al llegar,  a la entrada, se encuentra una torre en la que hay una enorme campana. Por 1000 won (moneda local), te dejan tocarla. Me niego. Me acerco al templo y es pequeño. Una puerta de entrada y una de salida. A la entrada la gente se hace las fotos pertinentes, porque dentro no está permitido. Chicas utilizan su iPhone para ver si están bien peinadas con la cámara frontal. El iPhone aquí es el espejo del alma. Entro y todo el mundo está agolpado delante de una mampara. Al otro lado buda. Con esa cara de regordito feliz nos mira. Él trasmite paz. El resto de la gente trasmite inquietud. Seguro que la mitad de los que estamos allí no sabemos demasiado bien. El tercer ojo de buda apunta hacia un antiguo templo situado más abajo, en el mismo valle. Por lo visto con una exactitud pasmosa. Otro legado de Silla.

A la bajada decido ir andando. Son dos kilómetros de vuelta hacia Bulguksa, y un coreano me saluda con un “hello” cuando le voy a adelantar. Trabaja en Samsung. Es ingeniero y está construyendo un túnel en la zona. Aquí Samsung hace algo más que móviles y MP3. Casas, coches, túneles… Vive cerca y me enseña fotos de todas las montañas de Corea. Tiene un montón en el móvil. Me pregunta si estoy casado. Yo le pregunto también. Me responde que “por supuesto”. Le digo que si tiene hijos. Tiene uno de 29. Le digo que me gana, que yo 24, y se ríe, y me da una palmadita en la espalda. Nos despedimos y yo me vuelvo al hostel. Son las 8 de la tarde. El día ha sido completito, cansado, pero me uno a la fiesta de las nueve en la azotea del edificio del hostel. Son todos coreanos. Ahora están de vacaciones. Bueno, también está Rafa, que es de Carabanchel. Está envidioso de mi plan. Cuando ya estamos todos, TJ, el dueño del hostel nos dice que nos presentemos. TJ es un tipo joven. El hostel también. En las presentaciones todo el mundo hace hincapié en su edad “coreana”. Y es que aquí se suman nueve meses porque incluyen los meses de gestación. Interesante cuestión. Todo el mundo aplaude después de cada presentación. Vuelvo a conocer a gente hacia la que soy su primer contacto español. Tras unas cervezas y algo de conversación en español, además con acento de Madrid, me voy a la cama.

El lunes me levanto a las 8 y media, que no me lo creo ni yo, pero a lo tonto, con internet, desayuno y tal, salgo del hostel a las 11. TJ compra huevos, aceite, mermelada, pan y té para todo el mundo. Desayuno importante que no he visto en ningún lado antes. Con muy poco esfuerzo hace que la gente lo valore un montón. Me decido a cogerme el autobús número 500. Mucho número! Me voy a Namsan. En Chungju también estuve en Namsan (montaña del sur), pero aquí tienen otra más grande. El señor conductor me suelta en medio de tres casas y un bar. Al otro lado de la carretera está la entrada al parque. Pido un mapa. Solamente está en coreano. Gran ayuda. Lo guardaré de recuerdo. Disfruto de la subida al ritmo de “annyeong haseyo” (hola) a todo el mundo. Y su correspondiente agachadita de cabeza. Demasiada cordialidad que me empieza a encantar. Me cruzo con un grupo de mujeres y se ríen cuando me ven. Después, desde lo más alto de la más alta cumbre, me saludan desde un punto distante en la lejanía. Empieza a llover débilmente. Tal vez podría haber arriesgado a subir al otro pico más alto, pero no me apetece calarme. Tardo una hora en bajar por medio de la jungla coreana. Parece Camboya. Es un preparativo. Pero bajo por otro valle. Ahí también para el 500. Vuelvo al hostel, y tan solo he estado fuera 4 horas, pero me han cundido y me han llenado.

El resto de la tarde la pierdo entre internet, tonteando con mis fotos, comiendo, bajando al mercadillo y volviendo a reunirme en la azotea. Aprendo algo nuevo, y es que aquí la gente, cuando sirve bebida te sirve, pero tú tienes que servirle. Da mala suerte servirte a ti mismo. Tras unas cuantas cervezas y nuevos intercambios de culturas con japonesas, coreanos y una americana que vive aquí y viene de una estancia en un templo budista me voy a la cama contento e inspirado. Vuelvo a encontrarme en el camino.

Hoy martes me he levantado a las 8, batiendo records, y me he ido a la estación a las 9 y media. Un autobús hacia Busán, y luego otro me han llevado a Geoje-do (“do” significa “isla; “ho” significa lago; “san” es montaña. Aprende coreano con Bohua). Es un poco un lío de isla en la que cada uno trascribe las ciudades al latín como le apetece, por lo que Geoje, la ciudad, puede ser Koje, Goje, Geoje. Hay gente que ni siquiera la llama Geoje y la llama de otra manera. O eso he entendido yo… pero tras un rato de espera en la estación ya estoy en mi nuevo hogar. Couchsurfing de nuevo con un trabajador de Samsung al que le dijeron que si se venía aquí como ingeniero y no dijo que no.

--- Estadísticas del blog. El día 21/8, 25 de las 39 visitas son desde Alemania. A alguien se le ha quedado pegado el dedo al ratón.

Las tumbas de Gyeongju en un nublado día.

Y posó para mí sin habérselo pedido

Vuelve a salir, pese a la lluvia, el ilustre enanito de Isa, en el Lago Ansaji

Templo de Bulguksa

Vació?

Y le hice una foto porque me resultó curiosa, y resultó ser la señora que después me guiaria por Bulguksa

Bulguska

Cientos de deseos

Déjalos fuera. No hacen más que ensuciar

Seokguram Grotto. Ahí tocaban la campana por 1000w



El primer rayo de sol en mis 12 días en Corea. Justo cuando decidía volverme al hostel en Gyeongju

Una tabla de calentamiento para Namsan. Nuestro Miguel Ángel particular en coreano (solamente algunos afortunados tuvieron a un profesor de gimnasia llamado Miguel Ángel)

Voy subiendo

Encumbrando

Templo-pagoda en Namsan

Los senderos se marcan asi, aquí

Yo deseo...


Hostel Party at 21.00

sábado, 20 de agosto de 2011

충주시 - Chungju: Consejos para un viajero


Algo me llama la atención cuando llego a Chungju, y es que aquí no va a haber ni un solo occidental sin ojos rasgados que me guiñe un ojo o me dedique una mirada complicidad cuando nos crucemos por la calle. Bajo del autobús y dedico 5 minutos a un cigarro para asimilar los contenidos nuevos de esta ciudad que desconozco y que mi afán de improvisación me ha llevado a visitar.

Me dispongo a salir de la estación por donde pone EXIT y desemboco en lo que parece un centro comercial. Y es que, sí, en cada estación de autobuses parece ser que tienen adherido un centro comercial que los convierte en centro de transportes y compras de la ciudad. En esta ocasión se llama Lotte Mart, y es despampanantemente grande. Una niña que no pasa de 5 añejos me señala y se ríe. Toca en el hombro de su hermano y, señalándome los dos, se ríen. Me miran a los ojos como diciendo “vaya ojos más grandes tienes!”. Y yo pensando “para verte mejor!”. En ese momento me acuerdo de Seto. Seto y alguno más que haya estado en Venecia sabrá por qué.

Salgo de la estación y en diez minutillos Jade está allí. Jade es estadounidense, adoptada. Ha vuelto para ser profe de inglés aquí por lo que, como ella misma dice, su coreano es de principiante y para salir del paso. Me empieza a no importar demasiado el mezclarme con nativos o no. Al final, simplemente el estar con gente que conozca más la ciudad que uno mismo hacen de la experiencia algo mejor. Nos vamos a su casa y me pego una ducha que me reaviva el alma. Aquí sigue lloviendo a cántaros y me pregunto cómo pueden aguantar toda una vida de lluvias. Alguien me ha comentado que la temporada del monzón ya tenía que haber pasado. Que se supone que el monzón pasa en junio y julio, pero llevamos medio mes de agosto y aquí vamos a salir nadando. De hecho han tenido varias inundaciones bastante importantes en el sur del país.

Salimos de casa y vamos andando hacia el centro. Hemos quedado con una amiga de Jade para tomar algo. Como ya es costumbre, cuento mi viaje y mis planes de futuro, los cuales algunos de vosotros ni siquiera sabréis. Entre contar mi batallitas anteriores y frecuentar dos bares bastante “cool” de Chungju me decido en mi plan siguiente. De hecho, a día de hoy, ya tengo comprados los billetes que me llevarán a mi siguiente destino. Señoras y señores, al no dejarme obtener el visado chino mientras estoy en corea, me voy a Manila. ¿Y dónde está Manila? En Filipinas. ¿Y dónde está Filipinas? Pues al este de Vietnam. Desde Manila cogeré otro avión hacia Vietnam, pero esta vez con papelito para Vietnam. Con todo bien hecho. Ya tengo los billetes que he comprado hoy mismo para Manila, y además te exigen que tengas el billete de salida cuando entras al país, así que también tengo el billete de salida desde Manila a Ho Chi Ming City.

Después de aquellos bares “cool”, el jueves me levanté y Jade no estaba. Se había ido a currar. Aquí la mitad de la gente que estoy conociendo son profesores de inglés en Corea. Así que Jade tiene un horario bastante apetitoso (de 9 a 11) y cuando llega de currar parece que nos vamos a patear montaña. Me dice que hay una montaña justo aquí al lado. Que le apetece tomar aire a ella también, y que parece que va a hacer un buen día. El único en toda la semana que no llueve. Decididos, no vamos hacia el monte Ham San.

De camino al monte conversamos, pero en cuanto empieza la subida las palabras tornan a ser resoplidos. El aire fresco torna a ser sudor. Y los insectos y pajarillos son los únicos que se comunican en esa zona. La gente va ultra-equipada para una caminata de nada. O, al menos, lo que creo yo que va a ser una caminata de nada. Empezamos a subir y aquello mezcla escalones de madera con veredas de piedra ascendentes al lado del curso de un arroyo. Un arroyo que, por la pendiente, suena con fuerza, dándonos más sed de la que deberíamos tener. Pero el agua ahí es totalmente potable y no falta. A mime falta el aliento en ocasiones, pero el orgullo vence al cansancio, el sudor y el esfuerzo vencen al tabaco. En una parada Jade me dice que le cuesta seguirme el ritmo. Yo me descojono por dentro porque no sé si el ritmo que llevo es el mío o es el de Fermín Cacho que me empuja. Le digo (a Jade, no a Fermín) que yo tengo las piernas más largas. Pero mis piernas largas están que se rompen. Me falta ese romper a sudar para coger carrerilla. Y en cinco minutos ya no existen los problemas y subo dejándome llevar por mis pies.

Al llegar arriba del todo la recompensa nos espera. Al otro lado una consecución de valles, de los cuales puedo contar hasta seis o siete, regados por el lago Chungjuho. es muy bonito, pero es una lástima que esté nublado y no pueda verse con total definición. Pero bueno, una vez más, estoy en lo más alto. O al menos en lo más alto posible para no haber ido a Woraksan, que es la montaña más alta del lugar. No he tenido oportunidad ya que he hecho el vago y no he tirado para adelante. Ambas dos.

Cuando bajamos y llegamos a casa, Jade gana el campeonato de siesta. Le explico que, al contrario de la creencia popular fuera de España, en España sí que existe vida después de comer. La gente entiende como idea genera que “España duerme la siesta de tres a cinco de la tarde” y que no hay una alma dispuesta a salir a la calle en ese tiempo. Después de explicárselo, ella se toma su propio tiempo para la siesta. Yo me dedico a estudiar sobre Corea, sobre Filipinas, sobre usos y costumbres, billetes y visados, moneda y comida… Cuando se despierta nos vamos a comer. Es un poco tarde para ser Corea, pero no nos importa. Aunque ella mira un poco sorprendida el reloj.

Aquí debo hacer el inciso para explicar que he comido con palillos por primera vez en mi vida. Bueno, alguna vez lo habré intentado con anterioridad, pero nada que se parezca a esto. Aquí TODO se come con palillos. Menos la sopa, que no cunde. Dak galbi con palillos, Boshingtang (pero guisado con verduras) con palillos, spaguestis coreanos con palillos… voy adquiriendo destreza con ellos. He probado el licor nacional, el “soju”. Hecho a partir de la fermentación de arroz, no tiene nada que envidiar a un buen vodka.

Esta mañana (Viernes) me he dispuesto a dar una vuelta por la ciudad y por sus afueras. Y como yo soy como soy, pues me he dedicado a andar sin rumbo. Bueno, en realidad me había puesto como destino Jungangtap, que es una pagoda de cinco pisos junto a un templo. Pero las distancias de mi mapa, muy ilustrado y muy colorido, no son nada fieles a la realidad y ni siquiera están a escala, por lo que al llega a cierto punto me he tenido que dar a vuelta porque habíamos quedado para comer Boshingtang (el perro) y no llegaba. Pero he estado en un parque muy cuco, aunque escueto. Ahora pretendemos irnos de barbacoa no sé dónde con los profes.

En fin, que en este momento Chungju ha sido como una ciudad de paso para aclararme sobre qué hacer en Corea y ubicarme un poquito. El próximo destino es Gyeongju, una ciudad milenaria de la dinastía Silla. A ver que me depara el futuro. Chungju y estos profes me dan que pensar. No había pensado en todo este tiempo a qué quiero dedicar mi vida en el futuro, y ser profe de español en el extranjero se empieza a ver como una opción apetecible y con sentido. Simplemente una primera centellita que ilumina mi cabeza. Todo se irá forjando, y de momento, por supuesto, no quiero pensar en trabajar durante un largo tiempo.

Este viernes nos enfrentamos a una barbacoa con palillos. Pero no es una barbacoa normal. Es en un bar donde en el centro de la mesa tienen ascuas y fogones en los que cocinar todo lo que quieras. Tú pides carne. Ellos te traen todo lo que se puede uno imaginar de guarnición. Me enfrento de nuevo a la odisea de los palillos. Los empiezo a tener controlados. Solamente se me caen un par de cacho de carne. No al suelo, por suerte. Entre cerveza y pinchadita hablamos de viajes, planes pasados y futuros. He cogido fuerzas en Chungju para seguir con mi rumbo sin rumbo. Junto a una cerveza de tres litros (compartida), y sin compañía coreana más que la de las mesas aledañas, me abruman ideas y consejos (más aún) para Filipinas, Camboya, Laos, Tailandia… He hecho buenos contactos aquí en Chungju para pedir ayuda en el futuro.

Hoy sábado he partido desde Chungju hacia Gyeongju. Parecen lo mismo pero no lo son. De hecho no tienen nada que ver. Sigue lloviendo durante una gran parte del día, y parece que por la noche para, lo cual para el viajero viene siendo una bonita putada. Sigo mi curso y me cojo un autobús que me lleva a Daegu, para luego coger otro hacia Gyeongju. En el tren que sale de Daegu, el conductor anuncia el viaje por el micrófono con eco. Parece que presenta un show coreano sin igual. Lo nunca visto! El trayecto Daegu Gyeongju conla mujer barbuda!!! En el trayecto cojo mi maravillosa guía gratuita y estudio las letras coreanas. Más o menos tengo la mitad de las consonantes pilladas, y todas la vocales. Algo sé descifrar. Incluso sé escribir mi nombre en coreano. Sigo jugando al mismo juego de intentar leer todo lo que veo por la calle, al igual que hacía en Rusia (y al igual que hacía de pequeño, según mi madre). Tras el viaje llego a Gyeongju. Llueve y no tengo ni puta idea de donde está el hostel que me he apuntado en la libreta. Ando hacia donde se supone que está mi hostel, por la idea que recuerdo de googlemaps. Me decido a preguntar, y tras tres intentos fallidos en coreano, consigo dos respuestas en inglés que me llevan directamente al hostel. No ha sido tan difícil, y menos con el equipamiento que me he elaborado con el tiempo: funda para el macuto, funda para la mochila, funda para mí y paraguas!!! Soy un hombre que repele el agua de una manera eficaz!

El Hostel está lleno, pero el de recepción llama al dueño y me lo pone al teléfono. Me dice que hay una habitación compartida, y eso es lo que yo busco. Es la habitación de mantenimiento, por lo que parece. Ahí están todas las sábanas, mantas, almohadas… del hostel. Acoplo los bártulos y me voy comer. Son las seis y media y no he comido en todo el día. Se me olvida!!! Busco un sitio, y paso de comprar comida en un FamilyMart. Es el SevenEleven de aquí, porque aquí o no tienen, o no los he encontrado, mercados normales con carne y verduras. Tampoco me apetece cocinar, así que me dirijo hacia algún sitio que tenga fotos de lo que ofrecen. Tras pasar dos o tres, el cuarto en discordia va a ser. Veo los precios a través de la ventana y hay algo por tres o cuatro euros. Y por mi experiencia, aquí por tres o cuatro euros te pones las botas. Entro y veo la carta. El señor, mayor, me coge del brazo y me saca fuera para que le señale lo que quiero. Elijo algo en salsa roja. En el dibujo parece interesante. Entro y el señor me da agua fresquita. En lo que bebo y no bebo levanto la cabeza y el señor trae está preparando una bandeja con cuatro, cinco, seis… nueve! Platitos con diferentes cosas. Después va el plato principal, cocinado. Me lo trae todo en la bandeja, que debe tener un metro de diámetro. Entre las delicatesen se encuentran: hojas de sésamos hervidas, taquitos de gelatina de no sé qué, peces minúsculos macerados y secos, pimientos verdes en salsita roja riquísimos, repollo en vinagre con pimentón (o parecido), y el plato principal que viene siendo panceta de cerdo en adobo con una salsa roja medio picante. De todo el resto, o no me acuerdo o no sabría decir muy bien lo que era. Mi destreza con los palillos crece. No utilizo la cuchara más que para probar una sopa de con brotes de maíz que está mala tirando a asquerosa. Joder, me he puesto las botas!!! Mientras ceno el señor y la señora, de unos sesenta, coquetean y se dan pataditas en el culo mientras están tumbados detrás del mostrador, como en la trastienda abierta. Es gracioso verles como adolescentes.

Vuelvo al hostel, y para un sábado cualquiera la cena ha estado de cojones. Mañana ceno en el mismo sitio y hago una comida al día, porque ahora creo que no me voy a poder alimentar más hasta dentro de 24 horas. Después de unas cervezas con unas polacas y de meterme en la azotea en una reunión de coreanos (quince) en la que hemos echado unas risas. Bueno, ellos se reían cuando hablaban en coreano y yo me reía cuando una coreana me decía que lo único que sabía decir en español era “tú haces el amor”. No sé si era una indirecta, pero ya sabéis que yo para esto soy un poco cortico. Total, que me voy a la cama sin hacer el amor.

Despedida en el metro de Seúl

La dársena 10 de Seúl me llevará a Chungju

Chungjuho desde Namsan, en Chungju - "ho" significa "lago". Asíque es el lago de Chungju. "Nam" significa "sur" y "san" significa "montaña". en total, el lago de Chungju desde la montaña del sur.

Encumbro Namsan

El riachuelo de Chungju

Casas en Chungju

La policía es tu amiga en Chungju. mirad que cara de simpáticos!

La iglesia más patrocinada que he visto en mi vida

Park (sí, la chica se llama parque), Lisa y Jade en Chungju. Me faltan Frances y Brian, los otros dos profes - Comiendo "bashingtang" (perro, segunda locura)