sábado, 16 de julio de 2011

Volgogrado, la ciudad de los tres nombres: Царицын (Tsaritsyn), Сталинград (Stalingrad) y Волгоград (Volgograd)

Buenos días, amigos de los desconocido. Me encuentro en Volgogrado, a unas cuatro horas de dejar la ciudad para emigrar a Moscú. Llegué el viernes por la tarde, después de un largo viaje desde Donetsk. Allí dejé a la madre y a la abuela. La abuela con lágrimas en los ojos que nunca voy a poder olvidar. Llegué al centro, para quedar con Nasia, y luego coger un autobús hacia otra estación que no era la de Donetsk, pero que era en la única que quedaban billetes, que ya habíamos comprado por la mañana. Comprado tras unos tres o cuatro intentos de sacar dinero en tres o cuatro cajeros y que no me funcionara ninguna de las dos tarjetas. Pero al final, todo en su sitio.

El tren nocturno desde Donetsk hasta Volgogrado lo cogí en una estación que aún tenía el nombre de la era soviética, como muchas estaciones de aquí. Pregunté cuando iba en el autobús si la estación que veía por la ventanilla era la misma que la que estaba yo señalando en mi billete. “Da, da, da”, y salí corriendo, a contracorriente, de un autobús-furgoneta. La estación era enorme para estar a una hora de Donetsk. Allí estaría cuatro horas y algo antes. A las 21.30 de la noche, y el tren salía a las 02.16. Era el último autobús hacia esa estación y allí viví momentos de comprar un mechero sin papa de decir mechero en ruso y la señora sin saber lo que es el gesto de fumar. Un señor con mucha barba, en silla de ruedas, y con pinta de llevar viviendo en la estación durante unos cuantos meses me hablaba. Nos entendíamos de manera extraña. Él me pedía tabaco, yo le decía que era de liar. Él lo aceptaba, y me regalaba una caja de cerillas en compensación. Después de 20 minutos hablando entendí que las cerillas son mejores para cuando hace frío, porque puedes tirarlas dentro de la hoguera para no quemarte. Para todo esto sacó incluso el teléfono móvil para escribir unos números y hacerme entender que se refería a “por la noche”.

El tren llegó puntual, a la 1.56, para salir 20 minutos más tarde. Nada más entrar me hice la cama con el máximo silencio posible y me dormí vestido. A ver cuando me toca un tren nocturno en el que me toque cama de abajo, porque la de arriba de verdad que me mata. Este tren era diferente al de Ana y Zelia. Este no era “Kupé”, que es el chachi de 4 camas por cabina. Este ya es transiberiánico. Este era de 50 camas por vagón todas al libre albedrío con un montón de jaleo por todos lados. Ronquidos, pies, comida, bebida y jaleos varios. Yo decidí dormirme y me desperté en la frontera. Mi dijeron que me tenía que bajar a las camas de abajo para que me viesen la cara. Aquí no hacen falta cambios de ruedas. Ucranianos y rusos se entienden hasta en las ruedas. Uno pasaba por allí vestido de miliar. Me preguntó algo, “narcotic”. Le dije que no, y me cogió el pasaporte de la mano. Me lo devolvió y el compañero dijo “viva la España”. Después de un rato llegamos al borde ruso. Allí se subieron dos mujeres fronterizas que me pidieron el pasaporte y el documento de inmigración. Cuando me dieron el visto bueno, después de estudiarme la cara durante un buen rato, me sellaron el pasaporte en naranja fosforito y por fin pude entrar a Rusia!

La señora de abajo viaja con su hijo. Después de mucho rato dormitando, leyendo, volviendo a dormitar, decido darme una vuelta. Cuando vuelvo de fumarme un cigarro, me dice que me siente abajo. Le digo que no entiendo ruso, y un chaval de la cama de enfrente me dice algo en escueto inglés. Nos comunicamos algo. La señora me dice que coma, pero yo la verdad es que no tengo hambre. Solamente tengo sed, pero tengo agua. La “azafata de tren” viene de repente un domino. La madre me señala el dominó, y no me niego. Me pongo a jugar con Davide, el hijo de la señora. Y luego viene el chaval que parloteo inglés. Se une al dominó. Todo acaba en una apasionante paliza “spanski 5 o 6 ganadas – russki 1 o 2 cada uno”. Según dice Sergei, el que habla inglés a ratos, “spanski fucking master”. Tras cigarros y alguna conversación extraña, llegamos a Volgogrado.

El teléfono de Sergei (el de Couchsurfing, no el del tren) no me funciona, así que busco un internet café para ver si lo tengo mal. Todo está bien. Lo intento otra vez y todo funciona. Me dice que le pase con alguien del bar para que sepa dónde estoy, y finalmente me viene a buscar en coche. Vamos hacia su casa comprando unas cervezas de camino. Y me dice que al día siguiente va a ir de pesca, que si me uno. Vamos a ver, que creo que yo no me había ido de pesca en mi puta vida y de repente me lanzo al pantano y le digo que sí. A continuación sigue la explicación de que nos vamos a levantar a las 3.00am, porque el pantano está a 130km y la mejor hora para pescar son las 5.00am. Está la cosa que ya casi que no me puedo echar para atrás así que me decido a hacerlo, y ya veré Volgogrado. Después de unas cervezas en casa (esto era el viernes), nos dormimos y me despierta como 3 horas después. Está todo preparado, así que carretera y manta. La forma de conducir es de locos. Pero ya me estoy acostumbrando.

Los pantanos estos son como las marismas de Doñana, pero algo más feas. Aunque la fauna es abundante y el Sol todavía no ha despuntado cuando llegamos. Nos espera un amanecer espectacular que me como enterito de cara, ya que es mi sitio de captura. Al principio, ni puñetera idea de cómo hacer nada. Y me desespera un poco el hecho de no hacer nada y no ver nada. Pasadas dos horas, en mi lado del pantano no pasa ni el aire y el sol, a las 7 de la mañana, ya aprieta. Va a parecer algo desesperado, pero a las 3 horas de estar allí le pregunto que cual es el plan. Me dice que quiere estar allí hasta que anochezca. Por lo tanto, tanto tiempo para pensar y meditar no lo puedo expresar todo aquí. Haré, entonces, un resumen separado por puntos y comas en el que se narran acontecimientos dispersos de la jornada de pesca. Pescando con maíz, que piensas, “maíz pa tu padre”, pero no, al final pica; dos cañas para cada uno, que digo yo, Sergei, si no he pescado en mi vida, que hago yo con dos cañas, si yo las únicas cañas que me alegro de ver son las de cerveza; un sol que apretaba como cadenas en la cabeza; Sergei motivado pescando y en mi lado no aparecía ni un mosquito; bien, su lado era el bueno, porque cuando cambiamos de lado él se aburrió como una ostra y a mí se me pasó el tiempo rápido hasta medio día; volví a preguntar y el plan no cambiaba: todo el día ahí; yo ya le dije que después de una noche durmiendo tres horas en un tren y dos horas que había dormido en casa sumaban cinco. Y que si tres y dos son cinco, porque yo ya con ese calor no podía ni sumar, cinco eran pocas horas de dormir para que el Lorenzo nos estuviera jodiendo de esa manera. Le dije que me iba a tumbar en el coche, así que eché una siestecita de una hora, me levanté, eché el anzuelo y picaron unas dos o tres veces más. Sergei, al no ver mucha captura en el lado malo, decidió que nos pirábamos. Unos 20 pescados que son carpas crucián. De vuelta nos damos cuenta de que nos hemos torrao. Vamos colorados y cansados de camino a casa, cuando un paso a nivel de un tren nos hace esperar. Me dice Sergei que con la calma, que podemos estar esperando una hora. Pasa un tren, luego pasa otro desde el otro lado. Luego pasa otro desde el lado del primero. Solamente hemos estado esperando unos 20 minutos, porque ha coincidido que los trenes estaban todos juntos esperando.

Al llegar a casa, entre cansados y tostados, nos bebemos unas cervezas, nos entra la tontería, y tras unas canciones rusas amenizadas con guitarra por Sergei, nos vamos a la cama a las 10. Sergei es un tipo de 49 años. Se casó hace un año con Kristina, que no está aquí, y que tiene una hija, que tampoco está. En su defecto, está Timo, que es el hijo de una amiga de Sergei, que no sé qué hace aquí, porque es majete pero es un poco pesadete. Está con el pavo a sus 13, y el pavo debe pesar unos cuantos kilos.

Ayer domingo me desperté a las 10 después de dormir 10 horazas y Sergei tenía cosas que hacer. Y me bajé a la calle con el chaval y nos fuimos a ver a Мама́ев Курга́н- Mamayev Kurgán. Vamos a ver, esta es la colina mítica que aparece en todas las películas sobre la guerra de Stalingrado, desde la que se ve el Volga. En conmemoración por la victoria del 1943 en Stalingrado, tras tan cruel y sangrienta batalla, se construyó una estatua cuyo nombre traducido significa “La Madre Patria Llama”. Para no daros el tostón aquí, os remito a la más que amiga, hermana, Wikipedia con este link: http://es.wikipedia.org/wiki/Mam%C3%A1yev_Kurg%C3%A1n Más que interesante descubrir que Word pone automáticamente Wikipedia con mayúscula, como nombre propio. En Mamayev Kurgán una chica se me acerca y me pregunta por qué hablo inglés. De dónde soy. A dónde voy. Hablando, hablando, acabamos en el coche de su padre de camino al Museo Panorama, sobre la Batalla de Stalingrado y la Segunda Guerra Mundial. Apasionante museo en el que a cada dos por tres me acuerdo de Yago. He Vasily Zaytzev, el francotirador de la película Enemigo a las Puertas (Jude Law y Ed Harris), que está basada en hechos reales, por lo que se entiende.

Tras el museo, dejar al chaval pesadilla Timo, dejar a la familia rusa que me ha pagado la entrada y ha rechazado mi dinero. Que me ha traducido. Que me ha todo dentro del museo. Para que luego digan que los rusos son gente fresca, me dirijo a quedar con Yulia, una CS que no me ha podido alojar, pero que me mostró interés por quedar conmigo. Me menea de acá para allá en coche. Vamos al puente del Volga, el cual una vez, por motivos desconocidos, sin terremoto ni nada, se empezó a menear ocurriéndole esto: http://www.youtube.com/watch?v=n0Pd3ncCUcg    . Si es un montaje, está bien hecho, pero hay varios videos al respecto. Tras unas cervezas y varias historias sobre Volgogrado, maneras de vivir y de viajar… Nos despedimos y yo, como de costumbre, tiro andando hacia casa. Una avenida eterna me muestra el camino y, tras una hora, llego. Nada relevante ya que Sergei se va a la cama, y yo mareo un poco con internet y hago lo propio.

Hoy lunes voy a acabar de hacer el macuto y me iré a la estación. Un tren a Moscú me espera. Veremos a ver.

Mi familia en Donetsk

Mi familia en el tren de Donetsk a Volgograd

Volgogrado por la noche - Se puede observar gente del ejército desfilando en el patio grande y semi-iluminado. A cierta hora de la noche cantan el himno ruso con cierta timidez

Echando el anzuelo

Con el anzuelo echado y sin na picando

La Madre Patria Llama, y yo ni puñetero caso - Le tuvieron que cambiar la espada, que mide 33 metos, para que pilléis referencias. Antes era de acero, y se les doblaba.

Cartel de propaganda de Hitler hacia su inminente derrota en Stalingrado. En el Museo

Algo raro. Máscara antigas para caballos

Aviones soviéticos en exposición. Parecía un mercado de segunda mano. No cabían más


Plaza Lenin

Alguna foto si que me hago, pero pocas. Bueno, esta me la han hecho

Estación de tren

miércoles, 13 de julio de 2011

Доне́цк (Donetsk) - Ciudad de minas y бабушками


Tras un viaje no muy largo desde la ciudad perdida de la mano de dios (Павлоград o Pavlohrad) y el intento de autostop y todo el berenjenal, al final llego a Donetsk. Y llego a las 16.15, justo 15 minutos después de que Anastasya entrara a currar. Decido dejar el macuto en la consigna de la estación de autobuses, no sin antes sentarme en las escaleras de la estación a contemplar el panorama, que es exquisito, y fumarme un cigarro.

Entre la fauna diversa que contemplo a mi alrededor, he de comentar la situación de un hombre, bastante borracho y adormilado, sentado en el suelo con su bolso de viaje junto a él. A su vera, una señora le zarandea, sin que el otro haga ni puñetero caso. La señora bien podría ser su tía, madre o conocida, haciéndole notar que “llevas un pedo que no te aguantas ni tú. Haz el favor de levantarte que nos está viendo todo el mundo”. A todo esto, el chaval hace caso omiso a la situación. Tratando de desviar mi mirada hacia la derecha, me topo con una barra de cervezas, estilo las de las fiestas del pueblo, en la que un padre pide dos cervezas pequeñas y se las da en mano y con total aprobación a sus hijos de 4 y 6 años. No más. Y yo no soy bueno para las edades, pero el mayor de esos críos no tenía más de 7 ni de coña. Con un entorno alcoholizado, me decido a entrar a la consigna a dejar el macuto. Son las 17.00 y la consigna cierra a las 18.30, pero por 2grunas (20 céntimos de €) creo que compensa darse una vueltecita.

Me paso por un super a comprar algo de merendar. Es cierto que no he comido todavía.  Me vuelvo hacia la estación y me voy a un parquecito cercano. Cruzo las vías del tren, cruzo un puente, lo descruzo, descruzo las vías del tren, me siento a contemplar como unos piden dinero con un cartelito en colaboración con alguna organización, que intuyo no existe… Y me vuelvo después de un rato a la estación para recuperar mi macuto y ver como el borrachuelo de antes me pide mechero. Le entiendo, pero me sigue hablando y le digo que no entiendo ruso. Me dice “you speak english?”. Le digo que sí., y me contesta “Everyday?”. Así que me quedo un poco descolocado, y me dice “thank you” de manera irónica, borracha, o ucraniana. No lo sé muy bien. Ya con mi macuto me voy al mismo parque y me siento a leer. Hasta las 21.15, que se supone que Anastasia sale de currar, la llamo, y la voy a buscar al estadio de fútbol, dónde el domingo empezó la liga y Anastasia era azafata. El Shaktar Donetsk ganó 4-0.

Anastasia tiene 19 años. Vive con su madre y con su abuela. Al quedar con ella se han acabado los buses. Volvemos a casa andando ella, su exnovio y yo. “No está muy lejos”. Pero ese “no muy lejos” se hace hora y media andando, a lo que su madre responde en casa “son casi 5 kilómetros”. No había otra opción. Anastasia y Artur discuten sobre los peluches que él le regaló, sobre el dinero que él se gastó en ella… todo en tono irónico. Y es que empiezo a pensar que la ironía se puede entender aunque no se comprenda el idioma. El tono de la ironía empieza a ser internacional para mí.

Al llegar a casa de Anastasia, me presenta a su madre, que nos hace la cena. Conversamos un poco con Anastasia de traductora simultánea, y nos vamos a la cama. Anastasia va a ir a Madrid en Agosto, para la visita del Papa. Todas estas situaciones me asustan un poco así de sopetón. Temo meter la pata en algún comentario. Ya sabéis todos de qué pie cojeo, y no quiero decir nada que no deba y que pueda sentar mal.

El lunes me levanto y Anastasia y su madre se han ido cada una a lo suyo. Así que la situación es que me encuentro con бабушка (babushka, o abuela en ruso). Bien, Babushka es una señora que no me ha dicho su nombre y que directamente todos me han dicho que la llame Babushka (abuela). Es una señora de la cual no se tienen noticias exactas de su año de nacimiento porque los papeles se quemaron en los bombardeos de 1941. Ronda los 80. Tiene una sonrisa eterna con dientes de oro en proporción 25% de oro – 75% dientes. Unos ojos azules que embelesan. Anda encorvada. Habla con el gato todo el rato. El gato se llama Pussy, que en inglés significa, además de “gatito”, “coño”. Al llegar la madre, me dijo que comiera, y que después no iríamos juntos a la parada de autobús. Yo iría a Donetsk, para ver la ciudad un poco a mi royo.

Donetsk tiene esa mezcla entre edificios soviéticos, edificios nuevos en estilo clásico, estatuas de comandantes, sargentos, generales, Lenins… Es la ciudad minera más importante de Ucrania. Me pierdo con sus calles durante unas horas, leo, me pierdo en cirílico, me encuentro en latín…. Y a tener que quedar con Anastasia, el móvil lo tiene apagado. Espero leyendo durante dos horas y cuando ya me canso y he perdido los autobuses, o por lo menos llevo media hora esperando y no pasan, decido ir andando a casa. Hoy tardo solamente una hora y 10 minutos. Al llegar ya he hablado con Anastasia por teléfono antes. Babushka dice que cómo se me ocurre ir andando. Qué gracias a dios que estoy allí. La madre se ríe. Se ríe preguntándome si quiero cenar. Y mientras le digo que no, se ríe diciendo, según me dice Nasia (extraño diminutivo de Anastasia): “da igual, te voy a sacar cena igual”. Y la abuela dice “no le hagas caso. Sácale cena igualmente”. Babushkas son babushkas, no importa donde estés.

Al día siguiente, martes, me despierto y la abuela me abraza. Es para comérsela con patatas. Me dice que si desayuno. Le digo que bueno. Todo esto entre gestos. Y me saca un platazo con pepino, arroz, carne guisada, que me deja baldado para leer con ella. Cada uno su libro. Cada uno a su royo, con Pussy rondando y haciendo carantoñas. Hemos probado “the experiment”, que es hacer que lloras, y Pussy va y te arrechucha y te lame la cara. Lo he intentado y conmigo también funciona. Después de leer un rato la madre de Nasia viene con su padre. Le ayudo a descargar del coche unos azulejos y subirlos al piso. Luego, nos dirigimos el padre, la madre y yo hacia su casa de campo. Está al lado de una mina, en la que el abuelo de Nasia fue el Director de Ingenieros durante su construcción. En el huerto de la casa tienen de todo: frambuesas, fresas, judías, tomates. Me recuerda mucho a Valdeavellano. Luego, la madre de Nasia me lleva a dar un paseo por la mina. Por el exterior. Dentro no se permite el paso.

Después bajaré en el mismo autobús que algunos mineros y chichas oficinistas hacia el centro de la ciudad. Bueno, en realidad hacia el centro de la ciudad dónde vive Nasia, que es como Getafe, pero se llama Макеевка (Makeebska). La madre le ha dicho a una señora que me avise donde bajarme. Cuando me bajo, el bus 23 se acaba de ir. Le trato de explicar que el bus 100 también me lleva hacia donde quiero. Pero es imposible. Creo que la madre le ha dicho “tú estate a que se coja el 23, que como se me pierda el chaval, te busco la ruina a ti y a tú familia”. Por lo que al final viene el 23, me lo cojo, y la señora se queda mucho más tranquila.

Nasia y yo nos damos una vuelta por el centro. Hemos quedado en el estadio de nuevo. Me empieza a ser familiar. Hablando sobre CS, la gente que se ha quedado en su casa, la gente que me ha dejado a mí su casa, sobre religión, sobre su viaje a Madrid, sobre el mío, sobre aprender ruso, sobre cervezas. Después volvemos a casa, de nuevo en el 23, para volver a tener al situación de “no quiero cenar”, pero me lo voy a tener que comer con patatas. Además. Ayer martes la madre no estaba, y la abuela pone raciones dobles. Nasia cena conmigo. Después hablamos un rato con la abuela. Recuerda algunas palabras en alemán de la guerra: “a casa, documentación, atención, quietas”… le brillan los ojos. Le pregunto que si ella nació aquí, y me dice que no, que ella nació en Rusia “por supuesto!”. Después de un intenso martes, nos fuimos a la cama.

Llegada

Ahí está el camarada. No hay referencias de tamaño, pero puede ser como un edificio de 6 o 7.

"Dimitri, ¿qué has aprendido hoy en el colegio?" - "Que la leche viene de Milka"




Plaza Lenin

La catedral

Sergéi Nazárovich Bubka (Сергій Назарович Бубка). Saltador de pértiga - Su última marca de 6,14 m, establecida el 31 de julio de 1994 en Sestriere, Italia, permanece imbatida desde entonces


Pussy

Los padres

Mina Butivska

Minero de Butivska. La típica foto de turistón que la madre de Nasia le pidió al minero. Resulta que el minero iba con un tronco saliendo de la mina, la madre le pidió una foto, el tío le dijo "espérate que me acabo de robar el tronco de la mina, lo escondo y me hago 100 fotos"

Donetsk